sábado, 9 de marzo de 2013

La Revolución Industrial


Concepto

“¿Qué significa la frase ‘estalló la revolución industrial’? Significa que un día entre 1780 y 1790, y por primera vez en la historia humana, se liberó de sus cadenas al poder productivo de las sociedades humanas, que desde entonces se hicieron capaces de una constante, rápida y hasta el presente ilimitada multiplicación de hombres, bienes y servicios (...) Ninguna sociedad anterior había sido capaz de romper los muros que una estructura social preindustrial, una ciencia y una técnica defectuosas, el paro, el hambre y la muerte imponían periódicamente a la producción.”
Eric Hobsbawm, “La era de la revolución”

“(...) Suele referirse al complejo de innovaciones tecnológicas que, al sustituir la habilidad humana por maquinaria, y la fuerza humana y animal por energía mecánica, provoca el paso desde la producción artesanal a la fabril, dando así lugar a la economía moderna. El mismo término [Revolución Industrial] suele referirse a la primera circunstancia histórica de cambio desde una economía agraria y artesanal a otra dominada por la industria y la manufactura mecanizada. La Revolución Industrial se inició en Inglaterra en el siglo XVIII y se expandió desde allí, y en forma desigual, por los países de Europa continental y por algunas otras pocas áreas (...).”

Barbero, Mª Inés; “El mundo contemporáneo: historia y problemas”


Consecuencias sociales

Barrio Obrero

Los dos nuevos elementos que surgen en la ciudad industrial son: la fábrica y el slum. La fábrica se instala en los mejores lugares, como en las tierras ribereñas de ríos y arroyos. Pronto sus aguas se transforman en alcantarillas abiertas, envenenando la vida acuática con la contaminación. También se contamina el aire con el humo de las chimeneas.
Las casas de los trabajadores se construían al lado o pegadas a la fábrica. Las primeras viviendas de obreros fueron hechas convirtiendo viejas casas de familia en conventillos. Cada cuarto incluyó ahora una familia, y de tres a ocho personas compartían el mismo colchón, nunca hasta el momento se había visto tanto hacinamiento. Los sótanos también se usaron para vivienda.
La suciedad generalizada trajo aparejadas las ratas (que propagan la peste bubónica), las chinches que infectan las camas, los piojos que propagan el tifus.

 
La falta de cañerías y sanidad creó barrios malsanos y la falta de agua eliminaba toda posibilidad de aseo. Estas nuevas ciudades eran sombrías y feas. La era de los inventos y la producción en masa apenas afectó la casa del trabajador.






Un rioplatense en la Inglaterra industrial

“En los diarios he hallado hoy dos casos que me han horrorizado a consecuencia de la miseria de las clases bajas de Londres. Una mujer casada ha perecido ayer de hambre, y el Times refiere que, en un cuartucho situado en un distrito de esta capital, existe hoy una mujer con ocho hijos amontonados todos en un pequeñísimo cuartito donde está ya corrompido el cadáver de uno de sus hijos que no ha podido enterrar por falta de dinero [...]. La madre y los hijos habitan allí mismo. Y esto pasa en Londres, el más asombroso centro de civilización y de riqueza. Aquí donde se pagan fortunas por un caballo, donde opulentos que mueren dejan rentas vitalicias para mantener un perro de caza o dos gatos.”  
FLORENCIO VARELA

El trabajo infantil





















Las multas

* Todo hilandero al que se lo encuentre sucio en el trabajo ________________ 1 ch
* Todo hilandero que se lave en el curso del trabajo _____________________  1 ch
* Todo hilandero que silbe durante el trabajo ___________________________ 1 ch
* Todo hilandero que llegue 5 minutos después del último toque de campana  _ 1 ch
* Todo hilandero enfermo que no pueda proporcionar un remplazante que
dé satisfacción, pagará por día, por la pérdida de energía mecánica __________ 6 ch


Tomado de “Pensar la Historia 3









martes, 5 de marzo de 2013

Consejos de seguridad informática

El Laboratorio ESET comparte una serie de consejos de seguridad informática para el uso de la red por parte de los niños y adolescentes.
El laboratorio identificó, en un comunicado de prensa, tres focos a atender en relación al uso de Internet: la búsqueda de información (la veracidad de la misma); las amenazas informáticas (virus, robo de identidad, sexting, etc); la privacidad y el cyberbullying.
Catálogo de buenas prácticas de seguridad informática:
• Establece un diálogo fluido y abierto con tus padres sobre tus hábitos en Internet. Ante cualquier actitud sospechosa, mensaje o situación que te despierte incomodidad, charla con ellos o con un adulto de tu confianza.
• No compartas tus contraseñas con nadie más que con tus padres: deben permanecer siempre en secreto.
• Nunca entregues información personal o de tu familia a desconocidos (dirección, nombres de tus padres, números de teléfonos, etc.)
• No planees encuentros con personas que sólo conozcas por Internet.
• No compartas fotos o videos en Internet con desconocidos, podrían ser utilizados para actividades ilegales o pornográficas.
• Nunca respondas mensajes de desconocidos que se te insinúan o te hacen proposiciones sexuales.
• Procura siempre tener una solución antivirus, antiphishing y firewall en tu equipo. Si tu computadora se comporta de manera extraña, habla con tus padres para que la hagan reparar o limpiar de códigos maliciosos.


jueves, 16 de agosto de 2012

José Batlle y Ordóñez [1]



José Batlle y Ordóñez fue presidente  en dos oportunidades: en 1903 y en 1911. Hasta su muerte en 1929, fue una figura importantísima en la vida del país, hasta el punto de que los historiadores suelen denominar al período de la historia uruguaya que abarca las tres primeras décadas del siglo XX con el nombre de ÉPOCA BATLLISTA.
La organización de nuestro país (gran poder concentrado en la persona del presidente) y la situación económica internacional (buenos precios para los productos uruguayos) hacían posible la acción de un MOVIMIENTO REFORMISTA IMPULSADO DESDE EL GOBIERNO. Así, durante sus presidencias, y en particular, durante los dos primeros años de la segunda (1911-1913), Batlle impulsó un fuerte movimiento de reformas que modificó profundamente el panorama social del país. Esta tendencia reformista provocó en algunos casos simpatías y alabanzas, y en otros, un fuerte rechazo.

 

Su pensamiento


Batlle dejó completamente de lado las ideas de coparticipación. Se proponía cumplir sus planes de gobierno con sus hombres y su partido. Esto se explica por un lado por la rivalidad que de tanto tiempo atrás enfrentaba a blancos y colorados, y por otro lado a la convicción, que sería imposible cumplir con su programa de gobierno si no lo llevaban a la práctica hombres que compartieran sus mismas ideas políticas.

Sufragio universal: creía que era necesario que todos los ciudadanos del país pudieran votar.
Ideas religiosas: fue un anticlerical (opuesto a la Iglesia). Desarrolló una idea muy negativa de las religiones y en especial de la católica a la que criticó duramente desde las páginas de “El Día”. Fruto de este anticlericalismo fueron una serie de medidas adoptadas: eliminación de los crucifijos de los hospitales, supresión de la enseñaza religiosa de las escuelas públicas, la ley de divorcio, etc.
La educación: para que la democracia fuera una realidad, Batlle estimaba necesario que el ciudadano fuera instruido. Para ello era fundamental que se extendiera la educación a los más amplios sectores sociales. Sólo el hombre culto y conciente podía ser un buen ciudadano.
El Estado: el Estado debía lograr la igualdad entre los hombres, pues representa a toda la sociedad. Protegería al más débil y corregiría las injusticias provocadas por las diferencias económicas y educativas entre los hombres. Para ello debería intervenir en la vida económica y social del país. Este criterio establecía además que los servicios públicos no podían quedar en manos de las empresas privadas, ni en manos de las empresas extranjeras, que extraían la riqueza de la nación para enviarla al exterior.
Latifundio: había que fraccionar los latifundios y difundir la agricultura para lograr dar ocupación a los habitantes del campo. Batlle entendía que se debía buscar fomentar junto a la ganadería, la agricultura como nueva fuente de riqueza.

La política económica


La acción del Batllismo se manifestó como una ampliación de la actividad del Estado en lo económico. La NACIONALIZACIÓN de empresas extranjeras que encaró, se dirigía fundamentalmente a aquellas empresas cuyos dueños residían fuera del país. Como consecuencia de la forma en que se realizó la modernización del Uruguay a fines del siglo XIX y del papel decisivo que jugó en ella la inversión de capitales extranjeros –principalmente ingleses- a comienzos del siglo XX, la mayor parte de los servicios públicos, los transportes, el comercio y la vida financiera, estaban en manos de empresarios extranjeros.
Frente a esta situación, Batlle buscó algunas veces que el Estado adquiriera la empresa, pero, en la mayoría de los casos, intentó crear empresas estatales competitivas con las extranjeras. Este tipo de medidas respondía en parte a la escasez de los recursos del Estado, que no podía pensar en la compra de grandes empresas. En este sentido la creación más espectacular fue la del BANCO DE SEGUROS DEL ESTADO, en 1912, rompiendo el monopolio que tenían las empresas extrajeras.

Las ESTATIZACIONES, se dirigieron a limitar la acción del capital privado nacional. En ese momento se hallaba volcado fundamentalmente a la especulación financiera y bancaria, y en cierta medida a las industrias y servicios públicos. Algunas de las estatizaciones fueron en realidad formales, dadas las circunstancias en que se produjeron. En algunos casos, la actividad del Estado contribuyó a colmar vacíos dejados por el capital privado.
En una época en que se acostumbraba a ver al capital extranjero como un factor de progreso, el Batllismo hizo hincapié en la fuga de capitales que representaba para el país el envío al exterior de las ganancias de las empresas extranjeras, así como en la mediocre calidad de los servicios prestados por ellas. Al mismo tiempo comenzó a difundirse la idea de que el capital extranjero cuestionaba la soberanía nacional. Nacionalizaciones y estatizaciones pasaron a justificarse por una razón contundente: los organismos oficiales encargados de sustituir o complementar el capital privado o extranjero, mejoraron sensiblemente la calidad de los servicios y rebajaron su costo.

La legislación social

 

El amplio concepto de lo social que tenía Batlle explica, en parte, la amplitud y la diversidad de sus iniciativas en materia de legislación social y, aunque en su tiempo le valieron serios cuestionamientos, su aplicación marcó la sociedad uruguaya posterior. 

Batlle partía de la base de que, en materia social, el acuerdo es siempre preferible a la lucha y de que, en ese acuerdo, el estado debía ser el árbitro. Ahora bien, Batlle tenía una particular concepción de ese arbitraje. Consideraba que, dado que las clases en conflicto no tenían las mismas fuerzas ni las mismas armas, el Estado debía ser un árbitro favorable a los “oprimidos del taller y del hogar”. Finalmente sostenía que el Estado tenía que promover reformas que evitaran conflictos y situaciones injustas.

La situación de la mujer, a la que Batlle incluía entre los “oprimidos del hogar”, fue objeto de varias iniciativas legislativas. Entre ellas, las que más revuelo provocó en la sociedad fue la LEY DE DIVORCIO (1913). Hubo también por parte del Batllismo, una preocupación por darle a la mujer otro perfil dentro de la sociedad. La creación de un liceo femenino (1912) se inscribió en un marco mucho más amplio de difusión de la educación, que incluyó la puesta en marcha de muchas Facultades y la creación de los liceos departamentales entre otras.
Mencionemos la preocupación que representaban para Batlle los ancianos, sobre todo los de escasos recursos. En un intento de paliar situaciones que consideraba de extrema injusticia social, se aprobó una ley de PENSIONES A LA VEJEZ, que se hacía extensiva a los casos de invalidez total si se trataba de indigentes.
Las iniciativas batllistas en materia de legislación laboral representaron también un punto de enfrentamiento con los sectores empresariales y conservadores de la sociedad. Las duras condiciones de trabajo de la época, habían creado el ambiente propicio para la formación de “sociedades de resistencia”, como se llamaban por entonces los sindicatos. La dureza de los enfrentamientos entre obreros y patrones desembocó frecuentemente en la huelga. Durante su primera presidencia, Batlle manifestó una tolerancia –insólita para la época- con respecto a los obreros en huelga. Cuando ocupó por segunda vez la presidencia, existía cierta expectativa en los obreros que guardaban un buen recuerdo de su actitud anterior.
En mayo de 1911, se desarrolló un conflicto entre las empresas tranviarias y sus obreros, que reclamaban la jornada laboral de 8 horas. Durante los 10 días que duró el conflicto, el gobierno asumió una actitud que fue entendida pro-obrerista. Un mes después de terminada la huelga tranviaria, el Poder Ejecutivo volvía a presentar un proyecto de ley que implantaba las OCHO HORAS DE TRABAJO.

 

La reforma constitucional


Durante la segunda presidencia de Batlle todavía estaba vigente la constitución de 1830. en los hechos, esa constitución no se adaptó exactamente a las necesidades y a la situación de nuestro país.
Después de la muerte de Saravia, los blancos canalizaron sus tradicionales reclamos de coparticipación y garantías electorales en el sentido de una reforma constitucional. Al sumarse la iniciativa batllista, se logró el ambiente propicio para encaminarse hacia la tan ansiada reforma.
En 1913, Batlle comenzó a publicar sus ideas acerca de la reforma constitucional, que significaban una modificación mucho más profunda a la estructura política: separaba la Iglesia del Estado, creaba estructuras legales para administrar las empresas del Estado, y sustituía al presidente de la República por un Poder Ejecutivo COLEGIADO compuesto por 9 miembros.
El proyecto batllista no fue bien visto. Las innovaciones causaban rechazo, y no aparecían algunas (como el voto secreto) de las largamente anheladas por los blancos. Para ellos, el proyecto era un mecanismo para perpetuar al Partido Colorado en el poder. Para muchos colorados, en cambio, el proyecto dejaba la puerta abierta a los blancos para llegar al Poder Ejecutivo.
La presentación del proyecto desató una tormenta política y provocó la oposición del Partido Nacional y de un importante sector del Partido Colorado, que se declararon ANTICOLEGIALISTAS. De ahí en más, la lucha política se centró entre colegialistas y anticolegialistas.
Los argumentos anticolegialistas eran los siguientes: el colegiado sería un órgano que funcionaría muy lentamente y se demoraría mucho en resolver aquellos asuntos que requerían decisiones rápidas. Sería además un organismo muy caro para el Estado, no sólo por sus 9 miembros, sino también por todas las secretarías que habrían de crearse para cada uno de ellos.
Para 1916 –Batlle ya no era presidente- la coyuntura había variado sustancialmente. La caída de las exportaciones de 1913-14, provocada por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, desfinanció al Estado. La aprobación de la ley de 8hs., el descanso semanal, las pensiones a la vejez, la gratuidad de la enseñanza secundaria, el reconocimiento del 1º de mayo como Día de los Trabajadores, profundizaban la acción social de estado, pero como se combinaron con el aumento de los impuestos rurales y al consumo, no despertaron la adhesión esperada, sino más bien cierta apatía en las clases populares y una violenta reacción de la clase alta rural. De esta manera, todos los que se oponían a Batlle encontraron, en el tema de la reforma constitucional, la forma de canalizar sus discrepancias con el batllismo.
La elección de la Convención Constituyente (encargada de redactar la nueva constitución) se transformó en una especie de evaluación de la obra de Batlle. La elección se realizó el 30 de julio de 1916 y fue la 1ª con voto secreto. Como resultado, volvió a triunfar el Partido Colorado, pero en el plebiscito por el colegiado los anticolegialistas obtuvieron la mayoría. Los blancos votaron en bloque contra el proyecto al igual que la Unión Cívica y un sector importante de Partido Colorado. Los batllistas sólo contaron con el apoyo del Partido Socialista.
Recién en 1917 se completó la elaboración de un proyecto constitucional satisfactorio tanto para los batllistas como para los blancos. La nueva propuesta constitucional terminó siendo el resultado de una negociación directa entre ambos sectores. La nueva constitución se aprobó en 1918 y entró en vigencia en 1919.


[1] Tomado de “Pensar la Historia 3” y “CBU”

lunes, 21 de mayo de 2012

Problemas del Uruguay en el siglo XIX


Cuando el Uruguay nace a su vida como país independiente se encuentra con problemas de larga data, que debe ir solucionando; entre ellos:


    1.  Poca población: el Uruguay contaba con muy poca población; a penas unos 140.000 habitantes (según el censo de 1840), de los cuales 40.000 se encontraban en Montevideo. Significaba escasez de mano de obra y dificultades para la industria y el comercio.

    2.  Malas comunicaciones:



    3.  Monoproducción ganadera: el país se especializaba, desde la Colonia, en la cría de ganado de forma extensiva, lo que hizo que predominaran los latifundios, "desarrollando una explotación donde había un vacuno por hectárea o hectárea y media y un hombre cada 3.000, 4.000 o 5.000 vacunos".

    4.  Desorden en la propiedad de tierras y ganados: las guerras revolucionarias habían acentuado el desorden en la campaña. Ausencia de títulos de propiedad, límites imprecisos entre las estancias, propietarios españoles emigrados que reclamaban sus tierras, donatarios artiguistas con miedo de perder sus propiedades, falta y confusión en las marcas de ganado.
    5.  Debilidad financiera del Estado: el Estado no tenía posibilidad de recaudar dinero a través de los impuestos, dada la poca población y su escasa capacidad económica. Además, las tierras y los ganados no pagaban casi nada, por el poco control del Estado y porque los hacendados se negaban a pagar.  El único ingreso provenía del comercio exterior, recaudado en la Aduana.

   6.  Oposición campo-ciudad: existía un marcado dualismo: Montevideo-campaña. La ciudad europeizada frente a una campaña semi-bárbara, la ciudad comerciante frente al campo productor, eran rasgos generadores de un agudo antagonismo, que se tradujo en las largas luchas entre “caudillos” y “doctores”.
   La campaña estaba habitada por el gaucho, habituado a la libertad y con pocas necesidades para satisfacer (frecuentemente por el robo o el contrabando más que por el trabajo); la falta de una clase media de agricultores y pequeños estancieros; la soledad de los campos creada por los enormes latifundios; la facilidad de la obtención del alimento (ganado sin marca ni cerco); desorden provocado por décadas de guerra, el odio a la autoridad (española, porteña, portuguesa, brasileña) siempre represiva; todo ello contribuyó a crear un clima de hostilidad hacia la ciudad, de donde venían las órdenes, los reglamentos, las trabas a la libertad personal.

    7.  Caudillos y doctores: el gaucho se expresó por el caudillo, suma de pericia y coraje, al que se adhería por admiración varonil y espontánea. Él fue el centro de autoridad aceptada en el campo, tanto más cuanto se oponía a la que venía de la capital. Si caudillo y gobernante eran la misma persona (F. Rivera), el Estado se hacía obedecer; si no lo era, la vida política de la ciudad y de la campaña corrían por carriles separados y con frecuencia se enfrentaban.
    En la ciudad, la actividad comercial, que fue su esencia, marcó la vida económica, política y cultural. Abierta al mundo, las influencias ideológicas y la moda europea calaron hondo en una burguesía que se iba enriqueciendo y aprendiendo a manejar el Estado a través de sus hijos doctores. Miró a la campaña como sede de barbarie y al gaucho como residuo del indígena salvaje que debía desaparecer para que la “civilización”, que creía representar, se asentara definitivamente en el país.

    8.  El problema de la Nación: ningún gobernante uruguayo de estos años llegó a pensar en términos exclusivamente orientales; de allí la “internacionalización” de los partidos políticos y el hecho de que el partido precediera a la Nación. En 1836, en la batalla de Carpintería, hubo “colorados” y “blancos”, pero todavía no uruguayos.
    Larga empresa fue para el país consolidarse cono Nación, en la realidad política interna, en la convicción de sus gobernantes y en el sentimiento de sus habitantes y sólo cuando estuvo a punto de desaparecer como tal (como ocurrirá durante la Guerra Grande, 1839-1851), se tomó conciencia del peligro y se comenzó a transitar por la senda de la nacionalidad uruguaya.


Tomado de Nahum, B. - "Manual de Historia del Uruguay. 1830-1903", Ed. Banda Oriental.