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lunes, 31 de octubre de 2016

Uruguay y la crisis de 1929


Enlace al blog de Alberto Fernández (clic en la imagen)

http://del29alneobatllismo.blogspot.com.uy/

La crisis de 1929



               En los años de la primera posguerra (luego de la Primera Guerra Mundial), EE.UU. vivía una época de prosperidad y crecimiento económico debido al gran desarrollo industrial. Sin embargo, ese crecimiento acelerado no fue acompañado de hábiles políticas gubernamentales para poder aprovechar e invertir correctamente ese dinero entrante. Como defensores del liberalismo económico, el gobierno norteamericano dejó librado a la iniciativa privada todo lo referente a la economía.
            Los empresarios y los agricultores continuaron produciendo como en épocas de guerra, sin darse cuenta que los tiempos habían cambiado. En poco tiempo, la oferta comenzó a superar a la demanda, el mercado de consumo se llenó de producto que la demanda no podía abarcar y faltó poco tiempo para que los precios comenzaran a derrumbarse.
            Si a ello le sumamos la gran especulación con las acciones de las empresas en la Bolsa de Valores, era cuestión de tiempo que todo se viniera abajo.
            El día 24 de octubre de 1929 es conocido como el jueves negro, el día que quebró la Bolsa (se vendieron millones de acciones buscando sus poseedores recuperar por lo menos una parte de su dinero) y a partir de ese momento, la crisis asoló los EE.UU.
            Como la economía había empezado a mundializarse y como EE.UU. era prácticamente el que sostenía a los países europeos de la catástrofe de guerra, la crisis se trasladó casi inmediatamente a Europa. Estos países buscando defenderse, se cerraron al comercio exterior y dejaron de importar materias primas, provenientes principalmente de América Latina. Así llegó la crisis a nuestros países.
            Cada país tendió a tomar medidas para superar la crisis por separado: Europa decidió autoabastecerse y producir todo sin comprar nada afuera; EE.UU. decidió que era tiempo de abandonar el liberalismo económico e inauguró la época del New Deal, consagrando la intervención estatal en la economía; América Latina osciló entre la industrialización y la economía de subsistencia (en aquellos países agrícolas donde existían aún comunidades agrícolas capaces de producir para su consumo).

AMÉRICA LATINA 

            Aquí se generalizó el modelo ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones) en los países que contaban con ciertas condiciones necesarias. Se necesitaba para que el modelo triunfara un mercado de consumo interno, acostumbrado a consumir los productos importados que iban a ser sustituidos por los de fabricación nacional; mano de obra abundante para trabajar en las nuevas industrias; capital para invertir en las empresas y materias primas para industrializar. Estas condiciones sólo se daban en pocos países. Era el caso de Argentina, México y Brasil. En los años 50, el modelo se extendió al resto de América, incluyendo a nuestro país.
           
ESTADOS UNIDOS

            El presidente Roosevelt (electo en 1933) decidió implementar una nueva política económica para salvar a EE.UU. El New Deal (nuevo trato) fue un conjunto de leyes económicas y sociales que consagraban la intervención del Estado en la economía. Se creaban una serie de organismos estatales (como la AAA o la NRA) para regular la producción, fijar salarios y horas de trabajo; se sancionaron una serie de leyes de carácter social (jubilaciones, salario mínimo, etc) tendientes a “proteger” a las clases sociales más desfavorecidas y a los trabajadores.
            El New Deal no logró todo lo que se propuso, pero  sin duda la crisis hubiese sido peor si éste no hubiese existido.


            La Segunda Guerra Mundial terminó de recuperar a estos países de la crisis. EE.UU. comenzó la carrera armamentista y su industria de guerra absorbió a los dos millones de ciudadanos que aún estaban sin trabajo; el precio de las materias primas volvió a subir recuperando la economía Latinoamericana. 




La crisis en EE.UU.



lunes, 29 de agosto de 2016

La sociedad del 900 (1)

 A partir de 1860 aproximadamente, las costumbres de nuestra sociedad comienzan a cambiar, debido a varias razones. Por un lado, el avance de la educación de masas y por lo tanto, el retroceso del analfabetismo. Por otro, la urbanización de la sociedad que provoca un cambio de mentalidad en todos los sectores. A su vez la europeización de las costumbres, genera la adopción de una mentalidad diferente, a decir del historiador Barrán, la “sensibilización” de las costumbres “bárbaras”.

 

El nuevo rol femenino

En el Uruguay comienza a primar desde fin de siglo un nuevo modelo demográfico, o sea, las familias comienzan a tener menos hijos y a tratar de controlar la natalidad. Esto es producto de una situación económica seria que está atravesando el país. La disminución de la natalidad y el retardo en la celebración de los matrimonios, eran una consecuencia del encarecimiento de la vida. Fue la ciudad quien primero vio sus dificultades y aceptó el nuevo modelo demográfico. Al carácter urbano sumaba su rasgo portuario, lo que facilitaba el contacto con el exterior. Los inmigrantes tuvieron mucho que ver en este cambio de mentalidad. Quienes llegaban eran los que se habían atrevido a cortar los lazos con Europa, buscando el ascenso social. El número elevado de hijos podía trabar dicho ascenso.
            La represión de la sexualidad femenina era una de las condiciones para que triunfara el control de la natalidad con métodos espontáneos. Una de las formas era retrasar la edad matrimonial, lo que causó una represión sobre la mujer, pero liberalizó al hombre. Se acentuó así el culto a la virginidad que reemplazó al anterior de la fecundidad. Los noviazgos se eternizaban; el joven debía esperar a tener una “posición”; ella iba haciéndose el “ajuar” puntada a puntada. El “dragoneo” comenzaba en la calle o a la salida de misa, luego la conversación en el balcón o el zaguán, después, el interminable “servicio de sala”. Nunca solos “la lámpara encendida, con la madre tejiendo o cosiendo frente a ellos y oyendo, aburrida, tontos monosílabos y sin que nunca las manos de los enamorados se tocaran, estarían hasta las 11, hora en el que el padre cerraría el diario demostrando que era el momento de retirarse”.
            El puritanismo se enseñoreó de la sociedad uruguaya, sobre todo del medio urbano y de sus clases medias y alta. Este modelo demográfico impuso nuevas conductas. La separación de sexos era estricta. Comenta una “dama” del 900, Josefina Lerena Acevedo de Blixen: “Yo era todavía una colegial, pero debía acompañar a una tía ya que ninguna mujer soltera debía salir sola a esas horas... Las señoritas paseaban en grupos...”. En las playas también se solían separar los sexos. “Empezó por aceptárselas [a las playas] como para prevenirse de las enfermedades del invierno, cuidando que el sol no afiebrara las cabezas y no diera a los cuerpos la horrible pátina del bronce. Así, la gente trataba de ir temprano, como máximo a las 8 y hasta en los días nublados abría las sombrillas. Prudentemente los médicos sostenían que el baño de mar debilitaba, y que no debía durar más de 5 minutos...”.  Los rigurosos trajes de baño femeninos, a usarse en zonas de baño separadas para mujeres y hombres, hacían que estas mujeres parecieran sin cuerpos y sin caras. Cuando el tranvía pasaba de una zona de baño a otra y por lo tanto, por encima del baño de los hombres, las madres decían a sus hijas que no miraran hacia el lado del mar. Y las niñas, obedientes, bajaban los ojos.
            Para la mujer de la época, quedaban dos caminos a seguir: buscar la independencia económica o el matrimonio. El problema ahora era la soltería femenina. El hombre trabajaba, la mujer de clase media y alta no. Comienza, lo que se dio a llamar, la “carrera matrimonial”. Comenta Domingo Arena: “en cada casa donde hay una muchacha casadera, se espera ansiosamente al marido y se recibe por regla general al primero que llega, por el justo temor de que no aparezca otro.” Los padres a veces presentaban todas sus hijas casaderas a ricos pretendientes herederos de campos para que éstos eligieran con cuál deseaban iniciar el noviazgo. “¡Qué es lo que no aspiran los padres para sus varones! Esa aspiración consiste verlos formados, dueños de una carrera o de un negocio en marcha, capaces de bastarse a sí mismos; en cuanto a las mujeres, aquella aspiración equivale a verla casada. (...) [La mujer] ha sido atendida, criada y conservada, al sólo efecto de ser entregada a un marido que va a sustituir al padre en la tutela, en el cuidado y en la dirección de su vida de mujer”.  
            Otro de los caminos que quedaba a la mujer era el mercado laboral. No fue casual que en el mismo momento histórico en que el modelo demográfico limitaba el papel de madre de la mujer, se forjaran para ella alternativas laborales. También influyeron otros factores: el deseo de liberación femenina, el apoyo de los radicales (anarquistas, socialistas, batllistas) y la avidez del naciente capitalismo industrial por una mano de obra abundantísima y muy barata.
            Las pioneras fueron las obreras de las fábricas de Montevideo y los saladeros del litoral. Estas mujeres fueron usadas como un gran ejército de reserva; se les pagaba menos salario y por lo tanto se podía emplear a un mayor número originando pocos gastos extras.
            La liberalización de la mujer comenzó también en el plano ideológico, surgiendo el movimiento feminista, que más que un movimiento político, fue una actitud de vida que escandalizó a la clase alta y culta montevideana.



Las clases sociales


Clases conservadoras


            Era la clase que controlaba los sectores clave de la economía nacional: ganadería, comercio, industria y crédito. Se organizaron en fuertes gremios: Federación Rural, Asociación Rural, Cámara de Comercio, Cámara de Industria y Cámara Mercantil de Productos del País.
            El sector rural de la clase alta estaba constituido por unas 1.300 familias que poseían el 40% del suelo.
            El sector mercantil estaba integrado también por banqueros y prestamistas privados, grandes importadores, ricos barraqueros, inversores en tierras en el interior y propietarios de cientos de casas en Montevideo. Habían basado su poder financiero en el siglo XIX en el negocio de la deuda pública y en el comercio de tránsito. En el siglo XX, su situación iba a cambiar, cuando el Estado coloque la deuda en el extranjero y se inaugure el puerto de Buenos Aires.
            Entre los grandes industriales, dominaban los inmigrantes de origen italiano, español y francés. Existía también un grupo importante de capitales nacionales que invirtieron en la industria alimenticia. El gran capital extranjero (inglés y norteamericano) monopolizaba los servicios públicos (agua, transporte, gas, comunicaciones) y el frigorífico.

Clases populares

            Eran la mayoría del país, tanto en el medio rural como en el urbano; sin embargo, eso no significaba que fueran fuertes en esta época.

            Las clases rurales habían protagonizado las revoluciones de Saravia, con poca conciencia de sus intereses, sin llegar a poner en peligro real al gobierno de turno. Dispersas en la estancia o marginadas del trabajo, eligieron la emigración a los países vecinos y a Montevideo, o la permanencia en el pueblo de ratas. Significaban para el partido en el gobierno y las clases conservadoras, una preocupación pero no un verdadero temor. Lo que las neutralizaba y mantenía en la quietud era su dispersión, el conservadorismo y que en gran parte eran pequeños propietarios. Todo lo que la miseria convertía en explosivo en la campaña, lo anulaba la dispersión de los trabajadores, la emigración y el analfabetismo.

            Las clases urbanas se concentraban principalmente en Montevideo. La ocupación principal era la industria, la construcción, el transporte y los gráficos. Totalmente diferente a la vida en el campo, la ciudad agrupó a los obreros que compartían su vida miserable en los conventillos. Estos actuaron como la gran fuerza que ambientó la combatividad en los obreros; alquiler alto y salario bajo generaron una oposición frontal al grupo poseedor (tanto propietarios como patrones). También influyó la gran cantidad de inmigrantes europeos que venían con la experiencia de su país de origen y su ideología anarquista. Fueron ellos quienes hicieron los primeros intentos de agremiar y sindicalizar a los trabajadores. Los primeros gremios de obreros de importancia combativa, estaban guiados por anarquistas.
              Pero lo que más movilizaba a los obreros eran las condiciones de trabajo que padecían. Trabajaban entre 11 y 12 horas diarias por salarios bajísimos, sometidos a cualquier cantidad de penalizaciones que reducían aun más el salario. Niños y mujeres trabajaban por igual y en las mismas condiciones que sus compañeros hombres, pero cobrando menor salario.


Vivienda obrera: el conventillo (2)



        "Un cuarto de esas casas ómnibus", que abrigan al mendigo como al humilde industrial, tiene generalmente una puerta sobre el patio y una ventana a lo más; es una pieza cuadrada de cuatro metros por costado y tiene el siguiente destino: es el dormitorio del marido, de la mujer y de los hijos, que son por lo menos 5 o 6, generalmente sucios; es el comedor, la cocina y la despensa; el patio donde juegan los niños, el sitio donde se depositan los excrementos, a lo menos provisoriamente, el depósito de basuras, la sala de la ropa sucia y limpia, si la hay; la vivienda del perro y del gato, en una palabra, un sitio en donde 5 o 6 personas respiran de una manera contraria a todas las prescripciones higiénicas, a todas las leyes del sentido común y del buen gusto y a todas las exigencias del organismo". (Octavio Morató, Problemas sociales en el Uruguay).


        "Las cincuenta personas que viven en el conventillo de Galicia1117, son condenados a la mugre perpetua. Piezas insalubres, sin luz, escasez de agua, ratas y un ambiente impregnado de fétidos olores. Su dueño, Juan B. Introzzi, percibe mensualmente unos 200 pesos por concepto de alquileres. El Sr. Introzzi, propietario del conventillo, es dueño de casi toda la manzana, fuerte comerciante de plaza, establecido en Rondeau y Galicia y está construyendo un regio palacete junto al conventillo. En el conventillo hay dos waters, dos canillas de agua y una cocina de 0,70 por 0,50. Tiene 20 piezas y el alquiler oscila entre $7 y $10". (Diario Justicia, 1929) 


 


(1) Tomado de José P. Barrán y Benjamín Nahum, “Batlle, los estancieros y el Imperio Británico”, Tomo I: “El Uruguay del  900”.
 (2) Tomado de Trochón y Vidal, "Bases documentales para la Historia del Uruguay contemporáneo (1903-1933)".

miércoles, 2 de octubre de 2013

Batlle y Herrera

Programa conducido por Blanca Rodríguez, donde el historiador Carlos Demasi habla sobre la época del batllismo, las propuestas de Batlle y Ordóñez y la importancia de Luis Alberto de Herrera en la reconstrucción del Partido Nacional.







jueves, 16 de agosto de 2012

José Batlle y Ordóñez [1]



José Batlle y Ordóñez fue presidente  en dos oportunidades: en 1903 y en 1911. Hasta su muerte en 1929, fue una figura importantísima en la vida del país, hasta el punto de que los historiadores suelen denominar al período de la historia uruguaya que abarca las tres primeras décadas del siglo XX con el nombre de ÉPOCA BATLLISTA.
La organización de nuestro país (gran poder concentrado en la persona del presidente) y la situación económica internacional (buenos precios para los productos uruguayos) hacían posible la acción de un MOVIMIENTO REFORMISTA IMPULSADO DESDE EL GOBIERNO. Así, durante sus presidencias, y en particular, durante los dos primeros años de la segunda (1911-1913), Batlle impulsó un fuerte movimiento de reformas que modificó profundamente el panorama social del país. Esta tendencia reformista provocó en algunos casos simpatías y alabanzas, y en otros, un fuerte rechazo.

 

Su pensamiento


Batlle dejó completamente de lado las ideas de coparticipación. Se proponía cumplir sus planes de gobierno con sus hombres y su partido. Esto se explica por un lado por la rivalidad que de tanto tiempo atrás enfrentaba a blancos y colorados, y por otro lado a la convicción, que sería imposible cumplir con su programa de gobierno si no lo llevaban a la práctica hombres que compartieran sus mismas ideas políticas.

Sufragio universal: creía que era necesario que todos los ciudadanos del país pudieran votar.
Ideas religiosas: fue un anticlerical (opuesto a la Iglesia). Desarrolló una idea muy negativa de las religiones y en especial de la católica a la que criticó duramente desde las páginas de “El Día”. Fruto de este anticlericalismo fueron una serie de medidas adoptadas: eliminación de los crucifijos de los hospitales, supresión de la enseñaza religiosa de las escuelas públicas, la ley de divorcio, etc.
La educación: para que la democracia fuera una realidad, Batlle estimaba necesario que el ciudadano fuera instruido. Para ello era fundamental que se extendiera la educación a los más amplios sectores sociales. Sólo el hombre culto y conciente podía ser un buen ciudadano.
El Estado: el Estado debía lograr la igualdad entre los hombres, pues representa a toda la sociedad. Protegería al más débil y corregiría las injusticias provocadas por las diferencias económicas y educativas entre los hombres. Para ello debería intervenir en la vida económica y social del país. Este criterio establecía además que los servicios públicos no podían quedar en manos de las empresas privadas, ni en manos de las empresas extranjeras, que extraían la riqueza de la nación para enviarla al exterior.
Latifundio: había que fraccionar los latifundios y difundir la agricultura para lograr dar ocupación a los habitantes del campo. Batlle entendía que se debía buscar fomentar junto a la ganadería, la agricultura como nueva fuente de riqueza.

La política económica


La acción del Batllismo se manifestó como una ampliación de la actividad del Estado en lo económico. La NACIONALIZACIÓN de empresas extranjeras que encaró, se dirigía fundamentalmente a aquellas empresas cuyos dueños residían fuera del país. Como consecuencia de la forma en que se realizó la modernización del Uruguay a fines del siglo XIX y del papel decisivo que jugó en ella la inversión de capitales extranjeros –principalmente ingleses- a comienzos del siglo XX, la mayor parte de los servicios públicos, los transportes, el comercio y la vida financiera, estaban en manos de empresarios extranjeros.
Frente a esta situación, Batlle buscó algunas veces que el Estado adquiriera la empresa, pero, en la mayoría de los casos, intentó crear empresas estatales competitivas con las extranjeras. Este tipo de medidas respondía en parte a la escasez de los recursos del Estado, que no podía pensar en la compra de grandes empresas. En este sentido la creación más espectacular fue la del BANCO DE SEGUROS DEL ESTADO, en 1912, rompiendo el monopolio que tenían las empresas extrajeras.

Las ESTATIZACIONES, se dirigieron a limitar la acción del capital privado nacional. En ese momento se hallaba volcado fundamentalmente a la especulación financiera y bancaria, y en cierta medida a las industrias y servicios públicos. Algunas de las estatizaciones fueron en realidad formales, dadas las circunstancias en que se produjeron. En algunos casos, la actividad del Estado contribuyó a colmar vacíos dejados por el capital privado.
En una época en que se acostumbraba a ver al capital extranjero como un factor de progreso, el Batllismo hizo hincapié en la fuga de capitales que representaba para el país el envío al exterior de las ganancias de las empresas extranjeras, así como en la mediocre calidad de los servicios prestados por ellas. Al mismo tiempo comenzó a difundirse la idea de que el capital extranjero cuestionaba la soberanía nacional. Nacionalizaciones y estatizaciones pasaron a justificarse por una razón contundente: los organismos oficiales encargados de sustituir o complementar el capital privado o extranjero, mejoraron sensiblemente la calidad de los servicios y rebajaron su costo.

La legislación social

 

El amplio concepto de lo social que tenía Batlle explica, en parte, la amplitud y la diversidad de sus iniciativas en materia de legislación social y, aunque en su tiempo le valieron serios cuestionamientos, su aplicación marcó la sociedad uruguaya posterior. 

Batlle partía de la base de que, en materia social, el acuerdo es siempre preferible a la lucha y de que, en ese acuerdo, el estado debía ser el árbitro. Ahora bien, Batlle tenía una particular concepción de ese arbitraje. Consideraba que, dado que las clases en conflicto no tenían las mismas fuerzas ni las mismas armas, el Estado debía ser un árbitro favorable a los “oprimidos del taller y del hogar”. Finalmente sostenía que el Estado tenía que promover reformas que evitaran conflictos y situaciones injustas.

La situación de la mujer, a la que Batlle incluía entre los “oprimidos del hogar”, fue objeto de varias iniciativas legislativas. Entre ellas, las que más revuelo provocó en la sociedad fue la LEY DE DIVORCIO (1913). Hubo también por parte del Batllismo, una preocupación por darle a la mujer otro perfil dentro de la sociedad. La creación de un liceo femenino (1912) se inscribió en un marco mucho más amplio de difusión de la educación, que incluyó la puesta en marcha de muchas Facultades y la creación de los liceos departamentales entre otras.
Mencionemos la preocupación que representaban para Batlle los ancianos, sobre todo los de escasos recursos. En un intento de paliar situaciones que consideraba de extrema injusticia social, se aprobó una ley de PENSIONES A LA VEJEZ, que se hacía extensiva a los casos de invalidez total si se trataba de indigentes.
Las iniciativas batllistas en materia de legislación laboral representaron también un punto de enfrentamiento con los sectores empresariales y conservadores de la sociedad. Las duras condiciones de trabajo de la época, habían creado el ambiente propicio para la formación de “sociedades de resistencia”, como se llamaban por entonces los sindicatos. La dureza de los enfrentamientos entre obreros y patrones desembocó frecuentemente en la huelga. Durante su primera presidencia, Batlle manifestó una tolerancia –insólita para la época- con respecto a los obreros en huelga. Cuando ocupó por segunda vez la presidencia, existía cierta expectativa en los obreros que guardaban un buen recuerdo de su actitud anterior.
En mayo de 1911, se desarrolló un conflicto entre las empresas tranviarias y sus obreros, que reclamaban la jornada laboral de 8 horas. Durante los 10 días que duró el conflicto, el gobierno asumió una actitud que fue entendida pro-obrerista. Un mes después de terminada la huelga tranviaria, el Poder Ejecutivo volvía a presentar un proyecto de ley que implantaba las OCHO HORAS DE TRABAJO.

 

La reforma constitucional


Durante la segunda presidencia de Batlle todavía estaba vigente la constitución de 1830. en los hechos, esa constitución no se adaptó exactamente a las necesidades y a la situación de nuestro país.
Después de la muerte de Saravia, los blancos canalizaron sus tradicionales reclamos de coparticipación y garantías electorales en el sentido de una reforma constitucional. Al sumarse la iniciativa batllista, se logró el ambiente propicio para encaminarse hacia la tan ansiada reforma.
En 1913, Batlle comenzó a publicar sus ideas acerca de la reforma constitucional, que significaban una modificación mucho más profunda a la estructura política: separaba la Iglesia del Estado, creaba estructuras legales para administrar las empresas del Estado, y sustituía al presidente de la República por un Poder Ejecutivo COLEGIADO compuesto por 9 miembros.
El proyecto batllista no fue bien visto. Las innovaciones causaban rechazo, y no aparecían algunas (como el voto secreto) de las largamente anheladas por los blancos. Para ellos, el proyecto era un mecanismo para perpetuar al Partido Colorado en el poder. Para muchos colorados, en cambio, el proyecto dejaba la puerta abierta a los blancos para llegar al Poder Ejecutivo.
La presentación del proyecto desató una tormenta política y provocó la oposición del Partido Nacional y de un importante sector del Partido Colorado, que se declararon ANTICOLEGIALISTAS. De ahí en más, la lucha política se centró entre colegialistas y anticolegialistas.
Los argumentos anticolegialistas eran los siguientes: el colegiado sería un órgano que funcionaría muy lentamente y se demoraría mucho en resolver aquellos asuntos que requerían decisiones rápidas. Sería además un organismo muy caro para el Estado, no sólo por sus 9 miembros, sino también por todas las secretarías que habrían de crearse para cada uno de ellos.
Para 1916 –Batlle ya no era presidente- la coyuntura había variado sustancialmente. La caída de las exportaciones de 1913-14, provocada por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, desfinanció al Estado. La aprobación de la ley de 8hs., el descanso semanal, las pensiones a la vejez, la gratuidad de la enseñanza secundaria, el reconocimiento del 1º de mayo como Día de los Trabajadores, profundizaban la acción social de estado, pero como se combinaron con el aumento de los impuestos rurales y al consumo, no despertaron la adhesión esperada, sino más bien cierta apatía en las clases populares y una violenta reacción de la clase alta rural. De esta manera, todos los que se oponían a Batlle encontraron, en el tema de la reforma constitucional, la forma de canalizar sus discrepancias con el batllismo.
La elección de la Convención Constituyente (encargada de redactar la nueva constitución) se transformó en una especie de evaluación de la obra de Batlle. La elección se realizó el 30 de julio de 1916 y fue la 1ª con voto secreto. Como resultado, volvió a triunfar el Partido Colorado, pero en el plebiscito por el colegiado los anticolegialistas obtuvieron la mayoría. Los blancos votaron en bloque contra el proyecto al igual que la Unión Cívica y un sector importante de Partido Colorado. Los batllistas sólo contaron con el apoyo del Partido Socialista.
Recién en 1917 se completó la elaboración de un proyecto constitucional satisfactorio tanto para los batllistas como para los blancos. La nueva propuesta constitucional terminó siendo el resultado de una negociación directa entre ambos sectores. La nueva constitución se aprobó en 1918 y entró en vigencia en 1919.


[1] Tomado de “Pensar la Historia 3” y “CBU”

martes, 24 de abril de 2012

El Imperialismo (1870-1914)

Concepto y motivaciones                                                                  



“Si un país se ve invadido por una potencia más fuerte y sus instituciones políticas son destruidas o reestructuradas, dicho país se encuentra bajo el dominio imperial, cualesquiera sean las circunstancias políticas del caso. (...) Análogamente, es posible que haya injerencias en la soberanía por medios diplomáticos, mediante tratados o mediante presiones económicas. Un país atrasado al que se le impida por ley desarrollar su industria sufre una pérdida de soberanía que no es menos real porque sea invisible para quien lo contempla. Lo que cuenta es la relación de dominio y sometimiento, que es la esencia de todo régimen imperial”.

G. Lichtein, “El imperialismo”


“El imperialismo es el esfuerzo de los grandes dueños de las industrias para facilitar el desagüe de su excedente de riquezas, buscando vender o colocar en el extranjero las mercancías o los capitales que el mercado interno no puede absorber.”

J. A. Hobson, “El imperialismo. Un estudio”


“Ayer estuve en el East-End londinense (barriada obrera) y asistí a una asamblea de los sin trabajo. Al oír en dicha reunión discursos exaltados cuya nota dominante era: pan, pan... y al reflexionar, cuando regresaba a casa, sobre lo que había oído, me convencí más que nunca de la importancia del imperialismo (...) Para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos coloniales, debemos dominar nuevos territorios para colocar en ellos el exceso de población, para encontrar nuevos mercados en los cuales colocar los productos de nuestras fábricas y de nuestras minas. El imperio es una cuestión de estómago. Si no queréis la guerra civil, debéis convertiros en imperialistas.”
Cecil Rodes (empresario inglés)


“¡A no dar cuartel! ¡A no tomar prisioneros! Llevad la guerra de tal modo que dentro de mil años ningún chino se atreva a mirar siquiera a los ojos a un alemán.”

Emperador Guillermo II de Alemania (Julio de 1900)


Justificaciones


“Es esta conciencia de la intrínseca superioridad del europeo la que nos ha permitido conquistar la India. Por educado e inteligente que pueda ser un nativo y por valiente que demuestre ser, creo que no se le debe otorgar ningún grado que pueda dar origen a que se considere el igual de un oficial británico.”

Lord Kitchener, comandante en jefe del ejército de la India


“No son capaces de ejercer el gobierno propio. ¿Cómo podrían serlo? No forman una raza capaz de gobernarse a sí misma. Son orientales, malayos, educados por los españoles durante la peor etapa de éstos. Este problema (...) es elemental. Es racial. Dios no ha venido preparando durante mil años a los pueblos de habla inglesa para una vana actitud de autocontemplación y autoadmiración. ¡No! Nos ha convertido en organizadores magistrales del mundo para imponer el sistema allí donde reina el caos. Nos inclinó al gobierno para que podamos gobernar a los pueblos salvajes y seniles. Si no fuera por esta fuerza el mundo caería en la barbarie y la oscuridad. Y en toda nuestra raza Él señaló al pueblo norteamericano como la nación elegida, para que dirija la regeneración del mundo.”

Senador Beveridge de EE.UU. discutiendo el destino de las Filipinas


         “Desde luego no llego al extremo de pensar que los únicos indios buenos son los indios muertos; pero sí creo que esto es cierto en nueve de cada diez, y en cuanto al décimo, mejor sería no investigar demasiado a fondo. El cowboy más depravado posee mejores cualidades morales que el indio medio.”

         “Siempre que se ha producido un movimiento de expansión ha sido porque la raza que lo ha llevado a cabo era una gran raza. Ha sido como una señal y una prueba de la grandeza de la nación expansionista. Y además debe tenerse en cuenta que, en todos y cada uno de los casos, eso supuso un beneficio incalculable para toda la humanidad. Cuando una nación poderosa teme la expansión y renuncia a ella, puede asegurarse que su grandeza y su poder se aproximan al ocaso. ¿Vamos a conformarnos con figurar entre los débiles y los cobardes cuando estamos todavía en nuestra primera y vigorosa juventud, en los albores de nuestra gloriosa virilidad? ¡No y mil veces no!”

Theodore Roosevelt, presidente de EE.UU.


VIDEO HECHO POR ALUMNOS CHILENOS